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Retomemos la raíz etimológica griega de la palabra estrategia para definir a los que conocían los caminos. Seamos estrategas, sentemos las bases que nos llevarán al éxito para evitar caminar sin rumbo.
Antes de emprender un viaje hay que conocer el camino.
Llega un momento en que hay que parase a analizar la situación interna y externa de la empresa, marcarse unos objetivos y accionar los métodos para su consecución.
Conocer dónde estamos nos dará las claves para saber hacia donde avanzar y cómo hacerlo.
Determinemos el objetivo. Debemos plantearnos dónde queremos ir. Hay que saber concentrar los esfuerzos en determinada dirección y poder tener un elemento de control que nos permita saber si nos desviamos de las metas marcadas. Debe ser un objetivo alcanzable y que permita cumplir el fin último de la empresa: generar beneficios. Estos objetivos se suelen plantear a tres o cinco años, que es el tiempo mínimo necesario para poder realizar cambios con una asignación y esfuerzo económico importante. La empresa debe tener visión a largo plazo y vocación de permanencia.
Tracemos el itinerario y optimicemos los recursos disponibles. ¿Cómo podemos cumplir nuestros objetivos? De nada sirve que el objetivo sea el más óptimo si no trazamos el camino a seguir para conseguirlo. A qué velocidad vamos en cada parte del trayecto, asignación de recursos, acciones a realizar... Cómo recorremos el sendero hacia nuestra meta es lo más importante dentro de la estrategia empresarial.
Para resumir, necesitamos saber de dónde partimos, dónde queremos llegar y qué hacemos para conseguirlo.
El entorno económico actual está generando, en algunas empresas, un estado de “shock” ante una situación que puede parecer impredecible e incontrolable, ante la turbulencia de la economía y los mercados. Se busca la forma de reconducir las empresas ante un futuro que evoluciona rápidamente. Por ello se tiende a solicitar ayuda de entidades externas que les permitan analizar de forma más objetiva la situación de la empresa, su entorno y la fijación de objetivos para posicionarse en segmentos de mercados, en los que quizás la empresa no ha pensado.
Es momento de innovar, de probar nuevos métodos, de encontrar nuevos mercados y de imaginar nuevas fórmulas de comercialización. Es momento de sacar provecho del momento económico y no de centrarnos en cómo hemos llegado a esta situación, sino qué hacer para cambiarla.
La empresa tiene la ardua tarea de adaptarse al entorno y crear sinergias para volver a relanzar la economía, necesita estrategias que dirijan los esfuerzos hacia la dirección correcta. Ahora, cuando muchos empresarios creen que la mejor manera de afrontar las dificultades macroeconómicas es estructurar planes a corto plazo, es momento de tener visión a largo plazo y ser estrategas.
En definitiva, es imprescindible contar con una estrategia a través del estudio de los entornos complejos, dinámicos e incluso turbulentos en que nos encontramos. Sólo siendo proactivos, es decir, anticipándonos a los posibles cambios, en vez de reactivos, actuando una vez que los cambios se hayan producido, podremos obtener una ventaja competitiva sostenible en el tiempo y defendible ante la competencia.
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