Nuestro planeta sufre una grave crisis ecológica provocada por el exceso de población que genera a su vez un importante consumo de recursos naturales. Este incremento en el consumo de recursos se traduce en un aumento de los residuos y contaminantes generados, que sobrepasan el poder de regeneración natural de propio planeta.
Ante esta situación, cuando se trata de buscar responsabilidades una buena parte de las miradas apuntan hacia la empresa como máxima responsable de dichos daños, y más concretamente hacia el marketing, el brazo articulado de la empresa para vender más productos o dicho de otro modo, de aumentar el consumo y con ello de los residuos generados.
Las empresas, ahora más que nunca, deben centrar sus esfuerzos en diseñar políticas de marketing que satisfagan al mismo tiempo dos realidades muy contradictorias: vender más y proteger el medio ambiente.
La preocupación por el medio ambiente no es sólo una compleja tendencia social, es también un nuevo fenómeno de marketing que ha dado lugar a un nuevo tipo de consumidor, el consumidor verde. Este nuevo tipo de consumidor manifiesta su preocupación por el medio ambiente en su comportamiento de compra, buscando productos que sean percibidos como de menor impacto sobre el medio ambiente.
La aparición de este nuevo tipo de consumidores obliga a la empresa a adoptar una nueva forma de entender el marketing: el marketing verde o ecológico. Las empresas que aplican esta novedosa tendencia del marketing pretenden satisfacer las necesidades sociales de sus clientes, así como trasmitir a sus consumidores que la sus procesos generan el mínimo impacto negativo en el ecosistema.
Puesto que la gran mayoría de los consumidores actuales no están dispuestos a reducir su nivel de consumo, las empresas deben hacer un importante esfuerzo por trasladar las preocupaciones ecológicas al comportamiento de compra o de consumo. No se trata de discriminar entre objetivos económicos de la empresa u objetivos ecológicos, sino de buscar la consecución de ambos. Los nuevos productos deben ser diseñados de forma que se minimice el consumo de recursos escasos y de generación de residuos, sin comprometer las necesidades primarias del cliente. Por ejemplo, nadie compraría un detergente para salvar el planeta, sino para que su ropa quede limpia.
Pese que a priori esta tendencia puede percibirse en la empresa como un aumento en los costes del producto al ser necesario recoger los costes derivados de la fabricación, esto no es del todo cierto. Las políticas de precio adoptadas por las empresas que usan en sus políticas de ventas el marketing verde pueden ser y de hecho en la mayoría de los casos así queda de manifiesto:
Sin quieren ser consciente de la importancia de la nueva tendencia de la que les hablo en este artículo, sólo tienen que observar a los mejores:
Como esta son muchas las empresas que se han subido al carro de esta nueva tendencia social, el mueble no debería quedarse atrás si quiere disfrutar de este nuevo grupo de clientes.
Vanessa Fernández