Un diseño industrial añade valor al producto, lo hace más atractivo y llamativo para los clientes, y puede incluso convertirse en el principal motivo de compra del producto, aumentando su valor comercial así como su comerciabilidad.
Por lo tanto, la protección de los diseños valiosos suele ser una parte fundamental de la estrategia comercial de cualquier diseñador o fabricante. Además la protección de los diseños industriales es poco costosa y accesible para las pequeñas y medianas empresas.
Al proteger un diseño industrial mediante su registro, el titular obtiene los derechos exclusivos de impedir su reproducción o imitación no autorizada por parte de terceros. Se trata de una práctica que responde a la lógica empresarial, pues mejora la competitividad de una empresa y suele aportar ganancias adicionales mediante una o varias de las formas que se indican a continuación.
- Al registrar un diseño se adquiere el derecho de impedir su reproducción o imitación por parte de la competencia, con lo que se fortalece la posición competitiva.
- El registro de un diseño valioso contribuye a obtener un mejor rendimiento del capital invertido en crear y comercializar el producto y, por lo tanto, supone una mejora de los beneficios.
- Los diseños industriales son activos empresariales que pueden incrementar el valor comercial de una empresa y sus productos. Cuanto más éxito tiene un diseño, mayor es su valor comercial para la empresa.
- Un diseño protegido puede también cederse (o venderse) a otros mediante la concesión de una licencia y el pago de un royalty, modo que permite acceder a mercados inabordables de otra manera.
- El registro de los diseños industriales fomenta la competencia leal y las prácticas comerciales honradas, lo que, a su vez, promueve la producción de una amplia diversidad de productos atractivos por su forma.
La forma o diseño de un producto va asociada a una marca y la imagen de una empresa, pudiendo convertirse en un gran activo con valor económico. Si no se solicita protección, podemos encontrarnos que un tercero registra el modelo del producto que nuestra empresa ha desarrollado (por ejemplo), aprovechándose así de nuestro esfuerzo.
Un diseñador o fabricante invierte dinero en la investigación, diseño y desarrollo del producto, y el hecho de registrar ese producto le da la opción de recuperar esa inversión. Cuando se roba un producto, un flujo del dinero que debía llegar al diseñador real o fabricante del producto se desviará hacia aquel que se apropió de la idea.
Y para finalizar este post, aquí os dejamos un caso de plagio de diseño. Se trata de la empresa Sueca H&M que ha copiado e insertado en sus diseños de almohadas y alfombras, un diseño de la diseñadora Tori LaConsay.
Muchas veces no se le da la importancia que verdaderamente tiene el hecho de proteger nuestros diseños, registrando los productos, después de la inversión que conlleva la investigación, diseño y desarrollo de los mismos.
ResponderEliminarA decir verdad, muy pocos pensamos que esto nos puede pasar algún día y quizás por eso no le damos la importancia que verdaderamente tiene el proteger "el esfuerzo" de la inversión en investigación, diseño y desarrollo de nuestros productos.
ResponderEliminarSin lugar a dudas este artículo nos hace reflexionar tanto a fabricantes como a diseñadores. Un saludo.
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