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martes, 2 de julio de 2013

¿Sabemos valorar el diseño industrial?

El diseño industrial es un recurso importante que las empresas pueden utilizar para conseguir o mantener sus ventajas competitivas. Sin embargo, son pocas las empresas que son conscientes de ello, sobre todo las pymes.
 
Asimismo el diseño industrial juega un papel fundamental en el proceso de innovación y tiene la función de comunicar la imagen de calidad e integridad del producto de la empresa, e influye en la imagen que los consumidores tienen de la empresa.

En esta situación cabría preguntarnos por qué un gran número de empresas no integran entonces el diseño industrial dentro de su estrategia empresarial como una variable más. Esto puede deberse al hecho de que muchas empresas actualmente consideran el diseño industrial como un coste y no como una inversión que se traducirá en unos beneficios en el futuro.


Dadas las características de los mercados actuales, la gestión estratégica del diseño industrial constituye para las empresas una fuente esencial de ventajas competitivas sostenibles a medio y largo plazo.

La dificultad a la hora de cuantificar los beneficios derivados del diseño, y la preferencia por parte de los directivos de las empresas por los resultados a corto plazo, hace que muchas empresas no integren esta variable en su estrategia empresarial.

Las empresas deben comprender mejor el proceso de diseño industrial y el trabajo de los diseñadores, y estos últimos, deben conocer mejor la realidad en la que se desenvuelven las empresas.

En un sentido general, Ulrich y Pearson (1998) definen el diseño industrial como "la actividad que transforma un conjunto de requerimientos de un producto en una configuración de materiales, elementos y componentes". Asimismo, las decisiones referentes al diseño industrial, no sólo conciernen a la apariencia o la estética, sino también a aspectos ergonómicos, de producción simple, eficiente uso de materiales, etc. (Walsh, 1996). Según Ubiergo (1999) el diseño industrial "constituye una metodología de concebir los productos que integra tanto las soluciones técnicas como los criterios de mercado".

Para Viladas (1998) y Montaña y Moll (2001) el diseño industrial tiene dos repercusiones fundamentales: en primer lugar incrementa la competitividad de las empresas, y en segundo lugar, facilita la calidad de vida de las personas.

Además, a través del diseño industrial las empresas pueden modificar la respuesta del consumidor (Crilly et al., 2004), por lo que se convierte en un importante factor determinante del comportamiento del mismo.

Por lo tanto, el diseño industrial contribuye a la mejora de la imagen de las empresas, de sus productos y marcas, a fidelizar y satisfacer mejor las necesidades de los consumidores y a diferenciar sus productos de los de la competencia.

CITMA, Centro de la Madera y el Mueble - Proyectos de diseño industrial para la fabricación de nuevos productos.

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