Me encanta Julius Shulman. Nadie como él ha fotografiado la arquitectura de Los Ángeles y el alma de los arquitectos que cambiaron la anatomía de la ciudad en la década de los 30 y crearon algo grande además de diferente. El “tío Julius”, como le llamaba Pierre Koenig, afirmaba que el “boom” económico de California se debió a la confluencia en un momento de su historia de gente joven, con muchísimo talento, que se unieron para cambiar el orden de los viejos jerarcas económicos. Quizás esto es fácil de explicar en un país tan emprendedor como Estados Unidos pero, llevándolo a nuestro terreno, ¿por qué cuesta tanto innovar en nuestro entorno? O, más allá aún:¿cómo van a cambiar las cosas si no cambian las personas?
Que la mayor fuente de innovación son las personas capaces de cambiar, es algo que se da por supuesto. ¿Quién lo duda?. Pero lo que es mucho más serio es la necesidad urgente que tenemos de innovar en nuestro entorno social y económico. Si alguien quiere más madera, le recomiendo este enlace del blog de mi amigo “Tom Joad”, que es demoledor.
Entonces, ¿qué buscamos? ¿dónde está la excelencia empresarial?
Podríamos citar a Peter Drücker o a 100 teóricos más, pero lo que a nosotros nos interesa es la práctica. Y en los últimos años, lo que sí podemos afirmar, es que hemos conocido empresas del sector que nos gustan mucho. Y, por si ayudara a alguien, esas son las empresas:
Que creen que la palabra imposible sólo está en el diccionario de los necios.
Que creen que no necesitan más horas, sino “mejores horas”.
Que reducen sus referencias: si vas a un restaurante, ¿crees que por tener más platos en la carta comerás más? ¿por qué, entonces, no eliminar todo aquello que “despista” en tu catálogo?
Que creen que la restricción, a veces, es una medicina saludable: autolimitar las fuentes ayuda a forzar la creatividad. Los grandes negocios se forjaron en garajes y cocheras.
Que evitan la “Reunitis”, (término que acuñamos en CITMA para referirnos al efecto de pasarse la vida eternamente reunido)
Que no se obsesionan con la competencia. Vigilarla no significa vivir por y para ella... te roba tiempo y energía.
Que evitan el efecto 3/30: 3 personas que están muy implicadas y las otras 27 simplemente están en el puesto de trabajo cada mañana.
Y finalmente, lo más importante, que tienen energía. Como decía Harold Whitman: “no te preguntes qué espera el mundo de ti. Pregúntate qué te hace sentir vivo. Porque lo que el mundo necesita son personas que se sientan vivas”.
?leerán este artículo los políticos? Deberian hacerlo, a ver si cambian
ResponderEliminarMuy bueno Javier, el documento dependiendo de quién lo lea roza lo incomodo, que es precisamente lo que me gusta.
ResponderEliminarRecomiendo leer del enlace de TOM JOAD, una de las entradas recientes que dice ´CRISIS, WHAT CRISIS?´. Un saludo
Genial!!!
ResponderEliminarQué gracia! El artículo buenísimo. Quién va a cambiar? Esta es una foto de la innovación en Andalucía... los empresarios, los políticos y los que están alrededor.
ResponderEliminarMirad el enlace:
http://www.cea.es/upload/fotos_noticias/39663889%20022b.jpg
!Pero si son los mismo!
En el estilo que caracteriza a Javier, muy intelectual pero, si lo lees atentamente, muy incómodo. Nos deberíamos parar a pensar.
ResponderEliminarHola Javier:
ResponderEliminarNoto algún parecido incomodo del mono con alguien, jejeje. Supongo que no es casualidad, has seleccionado tú mismo la foto?
Un abrazo a todos.
Jejeje, pero ¿Cómo vamos a cambiar si seguimos siendo los mismos?
ResponderEliminaruuuuuuuuuuuuuuuu
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